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13 de abril de 2010

Mi historia, no plagiar porfavor.

Un mediodía de domingo, lluvioso, sin saber que hacer me puse a rebuscar entre ese baúl dorado que tengo arriba, en el desván, ese desván oscuro, lleno de polvo y de divertidos recuerdos, me dirijo hacia el, lo abro de manera suave, con cuidado ya que es muy viejo, lo dejo abierto. Mis ojos enseguida miran hacia una pequeña caja que se halla entre montones de papeles, periódicos antiguos, polvo… pero ella brilla como la luz del sol. En mi cuerpo siento escalofríos, mi mente se aleja de la realidad, me dirige hacia otro mundo, el pasado. Siento como si la caja se acercara a mí de manera muy graciosa, da un salto, y aquí esta, la tengo entre mis manos, sigue moviéndose, pero solo pasa unos segundos y la caja se me cae al suelo. De seguida me tiro a cogerla, no me importa tirarme, llevo la ropa de los domingos, para estar cómoda por la casa. Cogí la caja, la abrí y ahí encontré un montón de fotos, cartas, un collar, pétalos de rosas, y ese olor… ese olor que me hizo que me diera un vuelco al corazón, y no se porque se me escapo una sonrisa… no debería. Ese olor, su olor… me puse a mirar todo, el book de fotos juntos, el collar que me regalo en la tercera cita, los pétalos de rosas que tiro sobre la cama un día cualquiera que yo venia de la universidad, no me podía creer que tenía eso guardado, fue un sentimiento tan grande lo que sentí al recordarle. En la radio sonó la canción que… sonó nuestra canción, mi mente se fue alejando del presente para hacer una visita al maravilloso y doloroso pasado en el que recuerdo como con él aprendí a disfrutar de la vida, que gracias a el descubrí lo que era el verdadero amor, aun que nos llevábamos una pequeña diferencia de edad… el me completaba e igual que yo a el. Recordé las tardes de domingo en el sofá viendo una película, paseando por las calles de Paris mientras me llevaba a caballito… de repente un rayo cayo fuera de mi casa, y mi mente volvió a la realidad, los escalofríos eran cada vez mas intensos. Entonces… me acordé, volví a recordar ese momento… El se iba… no había vuelta atrás. Se tenía que ir a la guerra, el no quería dejarme, no quería irse, pero debía irse. Fue en ese momento cuando me sentí más débil que nunca, la más desgraciada del mundo, me sentía una desdichada y con razones. Él el amor de mi vida, me dejaba, sola ante este mundo tan loco… Cuando pronunció las peores palabras: “Me tengo que ir mi amor, espérame”, las peores palabras que podían salir de su boca, pronunciándolas con lentitud y tristeza. Una lágrima nos caía a los dos, entonces me abrazó. Pasamos el último día, la última noche juntos. Yo no sabía cuando volvería, es más, no se ni si volvería. Tenia la esperanza de que volviera… pero los años pasaron y no volví a saber nada de él. Yo intenté, juro que lo intente, pero no pude sacármelo de la cabeza, por no decir que contra más quería sacarlo de mi mente más me acordaba de el, cada día que pasaba más sentía su presencia y mas le extrañaba. Pero igualmente seguía haciendo las cosas habituales de una chica de 25 años. Conseguí estudiar lo que me gustaba. Pero me sentía incompleta, me faltaba el, me había hecho las mismas preguntas tantas veces, que me estaba volviendo loca… ¿Dónde estaría? ¿Me habría olvidado? ¿Estará vivo?... Otro rayo me atormento, fue tan grande el susto, que di un saltó para atrás volviendo a la realidad otra vez, alejándome de mis pensamientos. De pronto el timbre sonó, baje las escaleras tan rápido como pude. Abrí la puerta y me desmaye.
Abrí los ojos lentamente, mire fijamente para no perderme ningún detalle, ahí estaba el, era él… ¿estaba soñando? No, no estaba soñando… esos ojos verdes que un día fueron míos, esa mirada, esa cara.. ¡su cara!, me quede paralizada, temblaba, el corazón me latía tan fuerte que parecía que se iva a salir, no se si es que él gesticuló tan rápido que no pude entender ni una simple palabra o yo estaba atontada. Logre incorporarme y él me explicó que al abrí la puerta me quede paralizada y mi cuerpo se tumbo hacia el suelo dándome un buen golpe. Entre risas soltó que me caí con mucha gracia, yo sonreí tontamente. Nos quedamos quietos, sentado en el sofá… nuestras miradas se paralizaron durante unos segundos, vi mi reflejo en el… estábamos llorando, no dude ni un segundo y le di un abrazó y le bese. El respondió de igual manera. Nos pusimos cómodos en el sofá y él muy simpático como siempre, me trajo un poco de café, y me empezó a hablar, pero yo no le escuchaba muy bien, estaba maravillada de verle, ¡Lo tenía enfrente mío! ¡Le había besado! Quería hacer tantas preguntas, decirle tantas cosas, que ahora la que no lograba gesticular palabra era yo. Lo tenía delante mío, solo quería que se quedara conmigo por siempre, el destino le puso ante mi por alguna razón. Yo la verdad, no paraba de llorar por dentro. Él me dijo que mejor hablar mañana mas tranquilos, entonces se quedo dormido en el sofá, yo estaba a su lado, no lograba dormir. El simple hecho de tenerlo entre mis brazos, dormido, era una cosa fabulosa. Al final me quede dormida con él.
Al despertar. . . el no estaba. Me quede sentada sin poder levantarme, empecé a llorar. Una mano retiro mis lagrimas de mi cara, él seguía ahí, agachado enfrente mía con una sonrisa en la cara, y cariñosamente me abrazó. Fuimos a un bar muy acogedor, pequeñito, pero acogedor. Ahí podríamos hablar tranquilamente.
Me empezó a contar…
“Cuando me fui a la guerra se me hizo muy duro, te escribía cada noche, pero nunca llegue a mandarte las cartas, sabía que era mejor que no supieras mas de mi, tendrías que hacer tu vida. No se si hice bien o no. Pero te juro que nunca, ni un segundo de mi vida, te he dejado de amar. Me estaba volviendo loco sin ti, tú eres la razón por la que sigo vivo, en mi interior me dabas fuerzas para seguir. Me mandaron a diferentes lugares, todo eso era muy duro y más dejándote a ti sola, cuando entre pensé que iva a morir, no me hacia la idea de no verte cada mañana amanecer a mi lado, por eso siempre me acordaba de ti. Hace unos meses todo acabo, yo sabía que existía la posibilidad de que hubieras hecho tu vida. Me iva haciendo la idea aunque deseaba que eso no hubiera ocurrido, y veo que se ha cumplido. Han pasado tres años, tres años que se me han hecho eternos, no veía la hora ni el día de salir de esa prisión que para mi sin ti lo era. No sabes cuanto he necesitado tenerte a mi lado, acariciarte, abrazarte, besarte, hablarte … Hubo días en los que me puse enfermo no tenía fuerzas para seguir adelante, y cada día me iva poniendo mas enfermo, tenía que venir a verme cada 4 horas el médico, estaba grave… pero nunca me rendí, al igual que no me voy a rendir contigo. Te quiero mas que a mi propia vida y siempre ha sido así., y me gustaría seguir formando parte de tu vida para siempre.”
Yo no me creía lo que estaba escuchando, siempre estuve esperando ese momento, durante tres malditos años pasándolo mal, al fin mi vida cobraba sentido de nuevo. Y con lagrimas en los ojos le contesté…
“Tu nunca has dejado de formar parte de mi vida, nunca te olvidado y siempre te he querido y te querré.”
A continuación, nos fundimos en un apasionado beso, un beso que ya no recordaba. Empezó a llover como nunca, ya no sentía escalofríos por mi cuerpo, como en esas noches en las que me faltaba él, ahora estaba mas enamorada que nunca, estaba con el, y nada podía salir mal, yo no podía ser mas feliz en ese momento, o si… Fuimos hacia el coche, el me metía prisa porque llovía pero yo caminaba mas lento que nunca, el agua caía sobre mi cara de felicidad, estaba empapada… como diría yo… empapada de amor. Me dirigí hacia el bailando con gracia y le cogí riéndome, empezamos a bailar bajo la lluvia, por un momento pensé que estaba soñando, quería parar el tiempo por si no era verdad, pero eso era una realidad. Me volvió a besar y aprovecho para cogerme en brazos y meterme en el coche. Me tapó los ojos con una bufanda suya, volví a oler ese olor que recordaba anteriormente, ahora lo tenía frente a mis ojos, nunca mejor dicho. Al llegar a ese sitio, me destapó los ojos, y pude ver la casa, nuestra casa. Había comprado esa casa para nosotros, para empezar una nueva vida, salte a sus brazos le di un beso y entre corriendo a ver la casa, era la casa de mis sueños con el hombre de mis sueños. Abrió el maletero me miro i sonrió, había un montón de maletas, las había hecho él. La casa ya estaba amueblada, con la mayoría de muebles de mi anterior casa. Nos pusimos cómodos mientras yo me daba un baño él, cocinó, encendió la chimenea, la cena estaba lista… Éramos muy felices, y más con tres hijos estupendos.


Estefanía Romero Hidalgo.

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